PELOTA PURÉPECHA

El combate con la pelota y la raigambre guerrera del pueblo purépecha

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Abstract

Los encuentros con la pelota en el país purépecha en México, son una expresión de la antigua raigambre guerrera del pueblo que lo habita.

Fig. 1. Jugadores de “la pelota de lumbre” en algún lugar inidentificado de Michoacán (Archivo La Jornada Michoacán, publicada el 20 de marzo de 2008 y tomada de la Internet).


Como brasa, una bola de fuego va de un punto a otro en la oscuridad de la noche semejando un cometa, que jala su larga y brillante cauda. Un hombre de mando le ha dado el primer golpe con su bastón, en medio del campo de batalla: un llano ribereño de arena fina en la orilla de la laguna de Cuitzeo, que se retiró durante “las secas” en 1916. De esa manera lanzó la esfera a un accidentado trayecto nocturno al que la obligan otros bastonazos —que se oyen secos y con el sonido de la madera chocando— lanzándola con furia de un lado a otro. Quienes la atacan apenas pueden verse entre sí. Son dos grupos de muchachos, cada uno de barrio distinto, combatiendo con una “pelota de lumbre” elaborada con raíz de maguey acutseño, consistente y ligera, que una vez encendida se quema con lentitud y es difícil de apagar. Tras manufacturarla, los jóvenes se armaron con bastones de unos 60 cm de largo con un codo en su extremo que les sirve para golpearla. Cada campo enemigo busca expulsar la bola de su territorio y quienes logran atajarla y dominarla invaden con ella el del contrario lo más adentro posible. Por fin, el astro figurado llega al extremo opuesto de uno de los dos dominios. El grupo portador de esta lumbre invasora ha vencido.[i]


Antigüedad americana


La lucha con la pelota —masculina por antonomasia— hizo presente la antigua raigambre tarasca sobre la cual se fundó la república purépecha en Michoacán. En verdad, esta antiquísima práctica se difundió en los territorios de Améريكا، donde nació y se desarrolló la compleja civilización mesoamericana, como en aquellos donde se formaron otros conglomerados culturales. Los de la vecina Aridoamérica, por ejemplo, donde inclusive tuvo lugar —en lo que luego sería Nuevo Santander— una variedad que incluía el uso de garrotes, palos, mazos o paletas a manera de impulsores, atajadores o bates. De hecho, dada su amplia distribución en el continente, los diversos tipos de enfrentamientos con la pelota fueron nativos americanos sin duda alguna.

Ejercicios de diversa índole con pelotas estuvieron extendidos por doquier durante la antigüedad en el continente americano.Fig. 3 De ahí que se abrieran canchas desde Arizona hasta Centroamérica y el Caribe, a más de los pueblos que prescindían de espacios especializados ocupando los ya disponibles en su entorno.[ii]

Entre los pieles rojas y los sioux se usaban raquetas encordadas o palos con unas redecillas en su punta para atrapar e impulsar hacia la meta contraria la bola de madera o de piel de venado rellena, sin que las manos la tocaran.Fig. 2 Era el baggataway (‘el juego del Creador’) del cual derivó el lacrosse o el vilorta que es hoy en día es el deporte nacional en el Canadá y del que pudo descender el jóquey inglés.[iii]

Fig. 2. Sioux ball game (‘Juego sioux de pelota’) (Charles Deas 1843).


Recibía diferentes y sugerentes nombres dados en varias lenguas por pueblos que quizá lo ejercitaban en versiones propias: toley o toli kapucha en choctaw (‘hermano pequeño de la guerra’), dehuntsigwa’es (‘hombre golpeado con un objeto redondo’) en onondaga, da nah wah’uwsdi (‘pequeña guerra’) en cherokke, y tewaarathon (‘pequeño hijo de la guerra’) en mohawk.Fig. 3 El enfrentamiento ocurría entre 30 y 30 hombres o en otras versiones entre contingentes de cien o incluso mil. Cuando uno atrapaba la bola, corría con ella hasta que era derribado por un contrario, pero antes de caer podía enviar la pelota a otro miembro de su grupo. Iba de por medio una apuesta con artículos de valor. El partido duraba desde el alba hasta la noche, a veces dos o tres días seguidos, por lo que durante el día iban cayendo jugadores que, por los golpes que recibían y el cansancio, quedaban exhaustos o muy maltratados como para seguir, ya que eran encuentros brutales a veces cuerpo a cuerpo. Las metas estaban a una distancia de entre medio kilómetro y un kilómetro y medio entre sí; consistían en rocas o en árboles grandes en los que debía estrellarse la pelota para acumular “golpes”. Servía para dirimir disputas y preparar guerreros para combates reales. De hecho, entre el pueblo choctaw solía terminar en una verdadera batalla campal. También estaba asociado a ritos religiosos propiciatorios de la agricultura.[iv]

Fig. 3. Toley, un tipo de combate choctaw con la pelota a mediados del siglo xix más al norte del territorio mesoamericano (George Catlin ca. 1844).


En la cuenca de Phoenix del área Hohokam y en Paquimé y su área de influencia، se disponía de una red de canchas de pelota. spacer En el segundo lugar se abandonaron hace unos seis siglos. Entre los “indios pueblo” practicaron el shynny con palos encorvados para golpear la pelota al ras del suelo.[v]

Aun hoy en día, entre los rarámuri o tarahumaras, las mujeres —divididas en bandos— corren con un bastón corvo impulsando un aro de ramas entrelazadas durante agotadores recorridos de ida y vuelta.[vi] A su vez, los hombres en dos bandos corren día y noche impulsando una bola con los pies a lo largo de 100 km. Para ello se preparan acatando ciertas prohibiciones y participando en un rito deprecatorio de súplica, plegaria e invocación.[vii] En la baja Tarahumara practican la ra’chuela o “palillo” usando una pelota de madera y un bastón con el extremo más ancho ahuecado en forma de cuchara para levantar y pegarle a la pelota a modo de batazo.Fig. 4

Fig. 4. Hombres practicando la ra’chuela tarahumara (http://juegostradicionalesmex.blogspot.com/2007/04/palillo-rachuela.html).


Otros tipos de pelota estaban presentes en la isla hoy llamada La Española y en las otras Antillas Mayores desde antes de la llegada de los europeos. Tenían lugar en un terreno preparado a propósito, allanado y circunscrito por marcas en el centro del caserío o a la salida del mismo o en alguna encrucijada. Los habitantes lo practicaban con las caderas, las rodillas, la cabeza y los hombros. En los encuentros, que tenían algún significado religioso, tomaban parte ambos sexos pero por separado, nunca mixtos. Al sitio donde tenía lugar, al choque y a la pelota elástica que se usaba, le daban el nombre taíno colectivo de batéy. Consistía en el enfrentamiento entre dos grupos usando una pelota de hule, la cual se mantenía en el aire golpéandola con intermitencia con las caderas, los hombros, la cabeza, los codos y otras partes del cuerpo, pero nunca con las manos; perdían quienes dejaban caer la bola al suelo.[viii]

Su denominación fue compartida por los mayas, quienes tenían en su lengua el vocablo ba’te’el de significado muy sugestivo: ‘pelear, guerrear, buscar contiendas’. Ellos llamaron batéy a un instrumento del juego y a la pelota misma.[ix]

Al sur del continente, en lo que hoy es el Ecuador, prosperó una pelota de piel animal impulsada con maderos que eran usados como herramientas agrícolas. Esto último sugiere un origen campesino. Con posterioridad, continuó una versión en que se usaba una especie de pala de madera con protuberancias en el extremo ancho; pero el madero evolucionó hasta convertirse en un grueso y pesado disco de madera, con el cual —hoy en día— se golpea la pelota.[x]

Al menos desde la primera mitad del siglo xvi, en lo que hoy es Chile, los mapuches practicaban el “palitún” o “palín” durante el cual hacían las “mayores demostraciones de agilidad y destreza”.[xi] Esta contienda, que tenía un objetivo guerrero, fue denominada “la chueca” por los españoles ya que, al parecer, la consideraron semejante a la así llamada en la península ibérica. Lo jugaban con pelota de madera y con weño o “uiñu” o chueca: un palo o bastón de colihue curvado o de punta combada semejante al usado hoy en día en la sierra de Michoacán. Razón por la cual aquí amerita dedicarle atención especial.Figs. 5-8

Fig. 5. Juego de chueca entre los araucanos. Obsérvese la forma curvada de los bastones (F. Lehnert, impreso en la litografía de los hermanos Becquet (en Gay 1854, lám. 6 de “Costumbres de los araucanos”).


El encuentro consistía en el lanzamiento de una bola de madera esponjosa procurando llevarla hasta el final del campo contrario en medio de una gritería. Para ello, cada individuo iba armado con su bastón curvado en el extremo contrario al mango. Los que lograban el objetivo obtenían un punto, “tripal” o raya.

Fig. 6. Encuentro mapuche en el siglo xvii con la pelota, hoy llamado “palín” o “cineca”. La leyenda superior de este grabado reza en latín: “Moduo [sic por modusludendi indorum vocatur a la chueca” (‘El modo de jugar de los indios se llama a la chueca’). Obsérvese el árbol al centro donde cuelgan diversos objetos (Anónimo (en Ovalle 1646: entre pp. 92 y 93).


En un descampado se delimitaba un cuadrado en cuyos extremos se enterraban unas ramas; mientras en el centro se hacía un hoyo para colocar una pelota de piedra, que luego pasó a ser de madera o de cuero relleno con paja, y ésta a su vez luego fue cambiada por una de caucho. Dos hileras de hombres se paraban frente a frente. Los capitanes tomaban la pelota con el palo y la lanzaban al aire para iniciar la lucha procurando cada bando trasladarla al campo enemigo. Durante los encuentros, que solían durar horas, los hombres forcejeaban y a veces salían lastimados. Triunfaban quienes lograban llevar la pelota al extremo del terreno contrincante. El encuentro era acompañado con rezos, danzas y convites. En ocasiones lo practicaban las mujeres.

Durante la colonización española llegó a prohibirse con el pretexto de que jugaban medio desnudos, que era indecente que lo practicaran las mujeres y que era un acto pagano pues se invocaba a los dioses de la pelota. En el fondo, a los españoles les molestaba que al convocar a “tribus” rivales, éstas dirimían sus diferencias durante el combate y luego podían ponerse de acuerdo para emprender alzamientos. En consecuencia, está práctica unía a las comunidades. Aquellos factores que podían generar conflictos armados entre ellas se zanjaban en el encuentro con la pelota, a manera de una guerra simbólica y si bien despiadada, en cierto modo también fraterna. Los mapuches, que alcanzaban un alto grado de sublimación en esos encuentros, dirimían con ese proceder sus conflictos y sus diferencias; como consecuencia, el ganador podía tomar decisiones que secundaban los contrarios, así como el combate azuzaba el espíritu guerrero y propiciaba maneras de resistir a la colonización española.

Esto formaba parte de fiestas tradicionales que duraban varios días. Los jugadores, los instrumentos utilizados y el espacio de juego eran sometidos a ritos y procedimientos mágicos, los que les fueron asociados —por los conquistadores españoles y más tarde por la administración colonial civil y religiosa— a “idolatrías” paganas en las que el demonio era el personaje central. Lo cierto es que el hecho de estar asociado a las festividades religiosas debió darle cierto sentido ritual. Por lo demás, había otros motivos más para tener esos encuentros, tales como la toma de decisiones, los acuerdos entre linajes, la preparación física, la recreación y las apuestas.

Fig. 7. Encuentro comunal de “palín” en Lumaco, Chile (Carlos López von Vriessen 1982).

Fig. 8. Jugadores de wárhukwa o pelota purépecha en la sierra de Michoacán en un poblado inidentificado que puede ser Nurío o Angahuan, durante la década de los noventa en el siglo xxObsérvese la forma de los bastones atajadores con los que golpeaban la pelota, semejantes a los usados en el “palín” de Chile (Juan Bautista Ramírez 1996).

En la actualidad, por más que ha sufrido cambios, mantiene su estructura básica, como la ubicación, la cantidad de los jugadores, la posición en el espacio del encuentro y la forma rectangular de éste. Dos equipos adversarios con el mismo número de jugadores, representantes de linajes amigos o de parientes de dos reducciones o comunidades en número de 5 a 15 cada uno, se forman en dos hileras frente a frente distribuidos a lo largo de una cancha —de 200 m de largo por 12 de ancho— delimitada con ligeras zanjas. Disputan una pequeña bola de madera golpeándola y empujándola con bastones asimismo de madera, tomados con ambas manos y que tienen extremos dístales curvos. Hacen desplazamientos rápidos para lanzar la bola hacia las líneas cortas del rectángulo de juego, que hacen las veces de metas (una para cada equipo), que al sobrepasarlas otorgan un punto o raya al equipo que lo logra. Suelen entablarse dos partidas de 20 minutos por lado.[xii]

Una discutible idea es la de que esta pelota derivó de una versión de la chueca castellana, llevada al continente americano por pobladores hispanos; lo cual supondría algo semejante respecto de otras pelotas americanas.[xiii] Sin embargo, eso está por verse.


Antigüedad de euroasiática


Es cierto que las actividades con pelotas golpeadas con palos, garrotes, bastones o palas se llevaron a cabo desde la antigüedad en África, Asia y Europa. Hace cinco mil años en China, Persia e India tenían lugar ese tipo de encuentros. Lo mismo ocurría en el Antiguo Egipto hace unos 4 mil años.[xiv]

Mucho tiempo después, hace unos 2 550 años durante los juegos Pyticos, Isthnicos y Nemeos de la antigua Grecia, se practicaba otra variedad de pelota con bastones curvos.[xv] Los jugadores se colocaban en posición de iniciar una jugada teniendo sobre el suelo la pelota y los bastones cruzados, al parecer de manera semejante a lo que se hace en la actualidad: golpeando el piso y luego los bastones entre sí como señal algo agresiva que da inicio al combate.[xvi]

Al menos desde hace unos 800 años, en Europa experimentaron cierto auge diversos juegos de pelota, algunos usando palas o raquetas en el siglo xiii. Uno violento era la soule en Francia, que consistía en disputarse con los pies y las manos una gruesa bola de cuero relleno, o con bates cuando era de madera, para llevarla por un larguísimo recorrido cruzando bosques, praderas y llanuras, hasta regresarla a un estanque, a una fuente o a un fogón. Entonces podía percibirse cierta implicación política cuando se entablaba entre hombres de jurisdicciones diferentes.[xvii]

Fig. 9. Mancebos en un prado de la península ibérica arremetiendo
contra la pelota con un garrote (
Anónima (en Alfonso x, siglo xiii).


Durante ese mismo siglo, en la península ibérica los jóvenes golpeaban a la pelota usando un garrote.Fig. 9 En general, existió una gama de prácticas con pelota muy extendidas entre la nobleza y la gente común.[xviii] Una de ellas fue la vasca, originada al menos desde éste siglo, que todavía se jugaba en el xviii usando una tabla corta con empuñadura, esto es: “unas palas de madera enervadas [enflaquecidas], aforradas en pergamino, con que se arroja[ba]n las pelotas”.Fig. 10 En esta variedad, por lo general los hombres golpeaban por turnos la pelota contra un muro.[xix]

Fig. 10. El gran lienzo El juego de pelota a pala, pintado por Francisco de Goya en 1779, en el cual se observa cómo se ejercitaba en las afueras de Madrid.  (Francisco de Goya 1779, en Museo del Prado). Abajo fragmento donde aparecen dos un jugadores con la pala en la mano derecha.


En la misma península, los moros de Berbería hacían lo propio con unos garrotes “de a tres cuartas en lugar de palas”.[xx] Es posible que se tratara del antiquísimo koura árabe de palo y bocha que se golpeaba sobre la tierra. La bocha era hecha de fibras de palmera atadas con esparto y el palo era algo curvado en la extremidad opuesta al mango.Fig. 11

Fig. 11. Jóvenes árabes en plena acción durante un encuentro de koura en Laghouat, ciudad de la futura Argelia. La escena fue pintada en la segunda mitad del siglo xix (Gamins arabes jouant à la koura, Laghouat de Maurice Potter siglo xix, en Maure s. f.).


Otra pelota fue “la chueca”, de origen castellano, practicada por labradores con una bolita así llamada al menos desde hace unos 500 años. Puestos tantos a tantos en dos bandos y habiendo señalado cierto término, los jugadores golpeaban la bola con un palo ferrado en la punta procurando que no se pasara de dicho término; es decir, cada bando se esforzaba para que la bola impelida por su contrario pasara de la raya que señalaba su término. Su nombre derivó de “choque” (por el que se daban durante el encuentro), del catalán xoc (‘choque’), o bien de la comparación de la bola con la chueca del hueso (palabra de origen vasco o ibérico en general).[xxi] En la primera mitad del siglo xx se seguía ejercitando usando unos cayados para golpear la bola, lo cual puede sugerir que se originó entre pastores.[xxii]

Hoy en día existe un juego llamado “de la chueca” en la provincia de Cuenca en España con características diferentes, ya que lo que se golpea no es una bola sino un pequeño palo cilíndrico con punta por los dos lados. Esto hace pensar que el nombre chueca denominó prácticas y variantes de diversa índole que tenían en común el uso de palos para golpear.[xxiii]

Una de ellas la jugaron, presumiblemente españoles, en la Nueva España, lo cual es algo para tenerse en cuenta si se sospecha que fue adoptada en algunas regiones americanas.[xxiv] En verdad, la probable semejanza del palín con la chueca castellana en el siglo xvi podría sugerir una mezcla americana, una adaptación o una introducción simple y llana. Sin embargo, los españoles pudieron llamar chuecas a los palos porque les pareció semejantes a los ibéricos, y luego el nombre fue pasando de generación en generación, aun entre los mismos mapuches, tras la independencia de Chile. Es como si hoy al guajolote se le llamara “gallina de la tierra”, tal como los españoles lo identificaron, si el uso de su nombre náhuatl y su castellanización se hubieran perdido; pero eso no lo convertiría en una gallina, sino en un guajolote con apodo español.

Sin duda, sólo pueden hacerse comparaciones entre las diferentes pelotas americanas y entre éstas y otras si se dispone de etnografías de cada una, en particular de sus funciones, de las relaciones y las representaciones sociales involucradas, de su contexto cultural, de sus ritos, de las creencias implícitas, de los momentos del ciclo anual en el que se llevaban a cabo; a la vez que de su estructura y de su manera de entablar las escaramuzas. También puede discutirse sobre la posibilidad de que algunas pelotas meso y sudamericanas provinieran del Norte o bien, que hubiera sido al contrario.

Sin embargo es un hecho que a lo largo de toda América, amén de los encuentros en los que golpeaban la pelota con el cuerpo, en otros lo hacían con alguna suerte de leños adaptados mucho antes de conocerse los hispanos. Hay que insistir en ello: en la antigüedad de este continente existió un complejo cultural de encuentros de pelota de diferente índole a dos bandos con palos, bates o atajadores. Además, un subtipo específico tenía lugar usando bastones que golpeaban la pelota haciéndola rodar, si bien se le atajaba cuando salía despedida por el aire.[xxv]


Pelotas mesoamericanas


En particular, durante la antigüedad mesoamericana tenían lugar diversos tipos de combates figurados con pelotas. Algunos fueron variantes de uno original, otros lo eran de orígenes y características diferentes; como los practicados por cada clan con algunos rasgos propios.

Esta práctica fue algo más que un ejercicio pues tuvo ciertas asociaciones religiosas y rituales; a más de otras implicaciones como el establecimiento o renovación de relaciones sociales y comerciales; la representación mítica; los sacrificios humanos; la resolución de conflictos políticos, militares y fronterizos; el alineamiento de grupos consanguíneos; las representaciones solares y cósmicas; y el afrontamiento de dificultades, aun cuando a veces se entablara como recreo o para efectuar apuestas.[xxvi] Tampoco hay que descartar la hipótesis de que esos combates simulados conllevaran establecimientos de alianzas matrimoniales, ni mucho menos la de que vinculara ciclos naturales y agrícolas. Había diferencias entre aquel destinado a minorías de altos estratos sociales y la efectuada por hombres del común; en particular entre hábiles especialistas, y la que sólo se practicaba por afición o gusto. En cada caso los sitios y los participantes debieron ser distintos. De modo notable, el encuentro con la pelota fue acto de hombres guerreros o de señores con mando militar. Su práctica formaba parte de su capacitación o bien, era una de las habilidades que debían dominar junto con las de la guerra.

Para caracterizarlos habría que preguntarse qué era en realidad durante la antigüedad: una contienda simbólica, una práctica guerrera, un juego, una competencia, un lance, un desafío, una disputa, una lucha cruenta, un rito de paso o uno propiciatorio o uno de iniciación política o todo eso dada la polivalencia de la pelota y dependiendo de su antigüedad, la región y el pueblo y el sector que lo practicara. Con frecuencia las embestidas con la pelota, por ejemplo, parecen haber estado vinculadas con la fertilidad; y a veces con mitos o deidades pues en murales, códices y grabados aparecen hombres enfrentándose con la bola y en otros lo hacen personajes míticos o divinos.[xxvii] Aparte de su simbolismo, como el portado en el movimiento rodante de la pelota que lleva implícito una lucha de contrarios; y en el confrontamiento que produce una síntesis de la alternancia de los opuestos, esto es, que termina unificando las dos direcciones contrarias que se encuentran en un combate.[xxviii]

Considérese que eran acompañados de ceremonias, música y quizá danzas; y portaban cierta indumentaria, tocados y objetos propios de la ocasión. El sitio mismo donde tenía lugar debió ser preparado, engalanado, cubierto con emblemas y toda una parafernalia. Participaban y observaban diverso tipos de personajes, amén de quienes impulsaban la pelota: sus ayudantes, los señores principales, los guerreros de alto rango, los músicos y otros más. Desde un principio o a partir de alguna época indeterminada, estos encuentros con la pelota se ritualizaron y se llevaron a los templos donde a veces llegaron a ser sacrificados los perdedores o en ciertas ocasiones, los triunfadores.

En lo que hoy es Chiapas se levantó la cancha arquitectónica más antigua conocida pues se construyó desde hace unos 3 400 a 3 200 años.[xxix] Al parecer, en el área olmeca pudo practicarse la pelota en alguna construcción semejante desde hace unos 3 000 años.[xxx] En el sitio hoy llamado San Lorenzo, los olmecas la escenificaron entre hace 3 200 y 2 900 años.[xxxi] Por su parte, en la capital totonaca de El Tajín, desde hace entre 3 200 y 2 600 años se edificaron varios tlachtli (‘juego de pelota con las nalgas o lugar donde practica’) donde tenían lugar, en el conjunto urbano, diversas modalidades del ejercicio con la pelota en relevantes espacios arquitectónicos.[xxxii] En uno de ellos, cuya asociación guerrera era evidente, los competidores parecen haber sido sacrificadores también. Acaso en esa cabecera confluían clanes de diferentes lugares que allí acudían a entablar combates. Está por saberte a ciencia cierta quiénes participaban: guerreros, sacerdotes, señores, “jugadores” especializados, comerciantes u otros. En los tlachtli principales, los protagonistas eran los señores de las casas gobernantes; en otros, participaban otros personajes con fines diversos.[xxxiii]

Las regiones de los actuales estados de Nayarit y Jalisco utilizaron canchas desde hace entre 2 300 y 1 800 años. Allí jugadores y guerreros compartieron ciertos atributos en sus respectivas vestimentas y en sus actitudes.[xxxiv]

Tiempo después en Teotihuacan —entre hace 1 700 y 1 400 años— el combate con la pelota era una verdadera celebración panmesoamericana, ya que tenían lugar diversas modalidades en sus varias edificaciones dedicadas a ello; por lo que debe suponerse que llegaban participantes de varios lugares aparte de los diversos sectores de la propia ciudad.[xxxv] Con posterioridad, hace unos 1 100 y 500 años, en Chichén Itzá también se dispuso de varios campos destinados a ello.[xxxvi] Allí la elite practicaba con la pelota, entre otras propósitos, para hacer representaciones rituales cíclicas de mitos que reponían el poder político.[xxxvii] Por supuesto, mucho antes del lujo y la ritualización elitista que implicaron todas esas construcciones, otros lugares más rústicos debieron ser utilizados sin construcción alguna desde mucho tiempo antes que en Chiapas, lo cual pudo seguir ocurriendo en territorios muy al Norte hasta el siglo xvi y la actualidad.

En el área maya, donde el encuentro con la pelota se practicó un milenio antes que los mexicas, estaba asociado al menos de manera simbólica con la caza y con la guerra y el sacrificio de prisioneros. Usaban espacios construidos ex profeso. Algunos de quienes se adiestraban para participar en esos combates figurados eran guerreros.[xxxviii] Otros eran señores y principales, pero inclusive ellos debían tener responsabilidades militares y habilidades para la lucha física.

Muchos siglos después, en Tingambato —en lo que hoy se llama Michoacán— se usó una cancha para acometimientos con la pelota del tipo compartido por mexicas y otros pueblos. Construída entre hace 1 800 y 1 100 años, allí se practicaba la pelota mesoamericana que tenía lugar dentro de construcciones.

Entre los mexicas, el tlachtli tenía lugar en una edificación que vista desde arriba tenía forma de “I”, en cuyos lados habían unas gradas escalonadas para los espectadores. En el centro de una de sus dos paredes se empotraba un aro de piedra o de madera, por lo general en posición vertical, por cuyo orificio los jugadores debían pasar la pelota, al mismo tiempo que impedían que el adversario lo lograra antes. La pelota, de unos 15 cm de diámetro hecha con varias capas de hule presionado que le daban una gran dureza y consistencia, la golpeaban con los pies, los codos y las caderas o las nalgas, pero nunca con las manos. Los participantes se protegían con acolchonamientos de petos, rodilleras, mandiles de cuero, mentoneras y medias máscaras que protegían las mejillas; o empleaban guantes en las manos y un cinturón de cuero en las nalgas. Podían empujarse, golpearse y ponerse zancadillas. Algunos recibían en el vientre tales golpes mortales de la pelota que se desplomaban. Al finalizar se les extraía la sangre acumulada en las caderas y en otras partes del cuerpo y les curaban sus heridas y contusiones. Participaban equipos entrenados que representaban linajes o clanes poderosos.

Durante esas batallas se apostaba oro, turquesas, esclavos, ricas mantas y casas. En otras ocasiones, el señor era el protagonista en ejercicios señoriales o en embates que dirimían asuntos graves o de importancia. En otras, los más expertos peloteros de élite se enfrentaban ante él y otros principales. Este tlachtli tenía un significado religioso y mítico pues todo el recinto del enfrentamiento representaba al universo donde la pelota era un astro y donde las divinidades o las criaturas sobrenaturales luchaban con los cuerpos celestes.[xxxix] Por supuesto la faceta militar, esencial entre los mexica, estaba presente: los contrincantes se distribuían en el tlachtli de manera similar a como lo hacían en los combates reales.[xl]

Como en otras ciudades antiguas anteriores, Mexico Tenochtitlán tuvo varios tlachtli.[xli] Los encuentros incluían marchas, entradas, ceremonias y ritos acompañados de música.

Dada la supervivencia de la pelota golpeada con las caderas, podría suponerse que se practicó alguna versión popular pues al desaparecer los guerreros, los señores, los sacerdotes y los peloteros de elite, los campesinos continuaron con ella. Sin embargo, hay que considerar que dichos sectores tuvieron descendencia y que a pesar de haber perdido su poder y sus recursos, ésta pudo darle continuidad y transmitirla al campesinado.


Pelotas atajadas con bastones


Tocante a las pelotas arremetidas con palos, bates o bastones; hará unos 3 200 años en el sitio hoy denominado El Manatí, los olmecas pudieron usar bastones cortos tubulares elaborados usando un tallo semejante a la caña, con la parte superior lanceolada con la punta roma semejante a la cabeza de una serpiente. Pese a que su apariencia era endeble y poco fuerte para soportar y golpear a la pelota, pudieron ser usados en momentos en que no se requería de fuerza, como al inicio del encuentro; o bien, como bastón simbólico o asignador de cierta posición o autoridad de algún mandón durante el rito de inicio o de algún juez durante el combate mismo.[xlii] Por lo general, en Mesoamérica se usó algún tipo de garrote para golpear la pelota desde al menos hace unos 1 400 años.[xliii] En Chichén Itzá, hará entre 1 100 y 500 años, se usó una especie de bate corto tomado por el centro.[xliv]

Con seguridad, nutridos grupos de contrincantes usaron bastones en Teotihuacan para arremeter contra la pelota, en una lucha brutal durante la cual resultaban varios heridos de gravedad en medio de una fuerte gritería.Fig. 12 Una verdadera batalla ritual pero de índole diferente a los enfrentamientos de unos contra otros pues no se golpeaban entre sí, sino que era el propio desempeño de cada quien el que lograba sacarlos indemnes o lastimados e incluso destinados al sacrificio.[xlv]

Fig. 12. Escena incompleta de un encuentro de hombres golpeando la pelota con bates —algunos tallados o grabados— al tiempo que hablan o proferían frases o gritos, plasmada en un mural teotihuacano en Tepantitla (Anónima, en Aracely Brown 2007).


En el noroeste de lo que hoy es México se practicaba y se practica usando la cadera, el famoso“ulama” —reminiscencia del antiguo ullamaliztli— pues usa un sistema numérico que hace referencia a las cuatro direcciones del viento e impide el empate pues sería tanto como dar lugar a una inmovilidad catastrófica que precede al caos.[xlvi] Allí existía una modalidad llamada “de mazo o palo de ulama” practicado por el pueblo acaxee, en la parte serrana de la región centro de lo que hoy es Sinaloa colindando con Durango, donde se le llamaba “batéy”; lo cual llama la atención pues es una región muy alejada del Caribe y podría hacer suponer que fue introducida desde allá (o a la inversa).[xlvii] Esta modalidad aún se practica con una pelota de hule natural de unos 500 o 700 gramos a la cual se enfrentaban los hombres con un mazo de madera —de unos 5 o 7 kilos— tomado con las dos manos. En el siglo xvii se le describió con estas palabras: “La pala es redonda en su extremidad, de una tercia de ancho de bordo a bordo, con un garrote recio de tres palmas de largo con el cual, con ambas manos juntas, rechazan la pelota”.[xlviii] Juegan 4 contra 4 o 3 contra 3 usando un “taste” o cancha de 120 o 140 m de largo por 1.20 o 3 de ancho, dividido con una línea en el centro llamada analco en donde se sitúan “los veedores” o jueces. Su puntuación es acumulativa: cuando un equipo llega a 8 “rayas” o tantos se da el cambio de lugar en el “taste” terminándose el partido cuando uno de los conjuntos contrincantes conseguía las 8 “rayas” restantes hasta acumular 16. Todavía en la segunda mitad del siglo xx, los hombres que participaban hacían un retiro preparatorio y guardaban abstinencia sexual.[xlix] En el actual Sinaloa existe una versión con la pelota prendida.Fig. 13

Fig. 13. Jugadores de ulama de mazo en Culiacán, Sinaloa
(
© Jim Sugar 1990/Corbis images / Col. Documentary Value, en History.com [http://www.history.com/photos/sinaloa-mexico/photo2%5D).


En el Occidente mesoamericano, dado que fue poblado por pueblos de tradiciones distintas, las pelotas tuvieron expresiones variadas. En el sitio hoy llamado El Lopeño —en lo que ahora es Michoacán— se establecieron pobladores, desde hace unos 3 500 y 3 200 años. Ellos solían tener escaramuzas en las que los hombres se presentaban con una especie de cubierta para la cabeza, con caretas, con rodilleras o protectores de la espinilla en la pierna izquierda y con un tipo de percutores. En algo semejaban alguna modalidad de la hoy llamada “pelota mixteca” aún practicada en los actuales estados de Oaxaca y Guerrero.[l] La pelota la golpeaban con un bloque rectangular —tal vez de madera— que tenía dos agarraderas, una en cada extremo, de manera que se tomaba con ambas manos para golpear la pelota en vuelo. Éste pequeño tablón lo llevaban unos pocos contrincantes, que pudieron ser los encargados de esa función específica, para rebotar la pelota en vuelo. Como al parecer éstos y otros se protegían las pantorrillas, los tobillos y las caderas, a más de cubrirse la cabeza con una protección, es posible que también golpearan la pelota con algunas partes del cuerpo. Asimismo llevaban lo que parecía una careta que podría servir de protección, pero puede presumirse que los hombres enmascarados de ese modo representaban ciertos papeles pues aparecían con pintura corporal.[li]

En Sinaloa aún practican tanto hombres como mujeres “la paleta goma”, una modalidad de probable origen sudamericano.[lii] En ésta se disputan la bola por parejas con una pala o paleta de madera, que es una pieza sólida afinada en uno de los extremos para obrar como mango y ensanchada en el otro siguiendo un diseño oval, para conformar la zona de impacto.


Fig. 14. Fragmento de una pintura rupestre en
las inmediaciones de Queréndaro Mich. (
Anónimo, en Corona Núñez 1942)


En las inmediaciones de Queréndaro, en lo que hoy es Michoacán, y en fecha imprecisa los hombres arrojaban por el aire la pelota tanto con una especie de tabla como con una de pala.Fig. 14 La pelota era volada en vez de rodada.[liii] El caso es que la pelota ya estaba allí antes de que llegaran los pioneros tarascos y mucho después los uacúsechas.


Pelotas tarasca y purépecha


En los dominios tarascos, el prestigio estuvo de por medio y las escaramuzas con la pelota pudieron servir para resolver diferencias entre los hombres, los linajes y los señoríos, resolviendo conflictos políticos y económicos al someterse los contrincantes al resultado del encuentro. Éste llegaba a poner en predicamento bienes y personas, que podían perder quienes los ponían a la suerte del resultado; a veces es posible que se pusiera en riesgo el dominio político y aún la libertad o la vida de los perdedores. Los nahuas de Mechuacan tenían un mito en el cual se relataba que cierto personaje divino luchó a la pelota con otro a quien venció y sacrificó en Xacona, donde tomó a su esposa a quien preñó.[liv]

El arte de la pelota entre los antiguos tarascos indica la presencia de uno de sus componentes étnicos, quizás el más típico en el ámbito mesoamericano pues antes de la existencia de la confederación tarasca, ya existía población antecedente que cultivó una o varias versiones.[lv] Es decir, en Mechuacan fue una antigua reminiscencia mesoamericana de filiación étnica y cultural que está por ser identificada. Dicho esto porque durante el dominio uacúsecha convivieron hablantes del purépecha, del náhuatl y de otras lenguas que ya poseían esa vieja tradición. Con el tiempo, ésta quedó como huella de uno o de varios pueblos viejos que hoy es difícil identificar porque fueron asimilados del todo por las repúblicas purépechas a partir del siglo xvi.

Respecto de su simbolismo, entre otras cosas pudo representar algún tipo de confrontación entre fuerzas antagónicas como el día y la noche, el Sol y la Luna, lo cual se resolvía durante su desarrollo para restablecer cierto equilibrio. O aun entre la fertilidad y la sequía asociándolo al ciclo agrícola.[lvi] En el dominio tarasco se ejercitaba la pelota evocando a Xarátanka, nombre de la Luna nueva encargada de hacer germinar las plantas y de procurar los mantenimientos.[lvii]

Los sacerdotes responsables de su culto, cuya sede cambió varias veces, procuraban tenerle levantadas a Xarátanka sus yácatas, un temazcal y una cancha de pelota. Tal ocurrió cuando se le tuvo en Tariayarani, donde estuvo el asiento de una yácata en la que dicha diosa tuvo sus casas conocidas como la Casa de las Plumas de Papagayo y la Casa de las Plumas de Guajolote, a la derecha de la cual estaba una cancha para practicar con la pelota. Allí, donde se presumía que Xarátanka debía de alimentar a los dioses a medio día, era asiento de sus baños rituales llamados Puke Jurinkwekwa (‘Temazcal del Tigre’). En éstos o en algún otro punto de este conjunto arquitectónico debía sacrificarse a nombre de Xarátanka y en honor de los dioses de la mano izquierda o tierracalentanos.[lviii] Por lo tanto, en este sitio la pelota era más que mera actividad recreativa pues se transfiguraba en el escenario de una lucha cósmica.[lix]

Por añadidura, el combate con la pelota era una expresión máxima del cultivo humano, tal como se desarrolló la destreza entre guerreros elitistas en diversas partes del mundo y en diferentes épocas; por ejemplo, entre los samuráis del Japón feudal y los mosqueteros de la Francia del siglo xviii. Aceptando que a primera vista no fuera un arte marcial, cabe la comparación porque los guerreros japoneses y los franceses dominaban las artes de la caballería, en las cuales competían durante torneos especiales; tanto como la lucha con pelota mesoamericana fue cultivada por guerreros selectos. Todavía en el siglo xx, la practicada en Nurío con una bola de piedra volcánica (tsakápu akúni) golpeada con pala, recordaba que se entrenaba para encuentros muy competitivos con macanas, bastones y piedras a la manera guerrera de pelear en la antigüedad.[lx] En todo caso, a diferencia de los torneos de la Europa feudal, lo que aquí se compara es la elegancia de los samuráis, los mosqueteros y los diestros golpeadores de pelota; esto es, la élite guerrera que ejercitaba su valor y su destreza y entrenaba su cuerpo y su mente. Todo ello sin abandonar su componente bélico pues era una actividad que entrenaba a los hombres para enfrentamientos armados.[lxi] Concomitante con esto fue su asociación con la caza.[lxii]

Tuvo equivalentes entre los mixtecos del valle de Oaxaca. En Chile fue “la chueca”. Entre los sioux, el lacrosse. En Sinaloa, la ya citada “paleta goma”.[lxiii]

Aun cuando el encuentro con la pelota practicado durante la era tarasca haya sido transformado en la purépecha, un arreglo de ésta o de uno hispánico semejante le permitió cierto tipo de sucesión. Aun si los purépechas lo sustituyeron por uno hispano, debieron hacerlo adaptándolo de manera tal que le dieron continuidad al antiguo. Ya en la era de las repúblicas de los naturales pudo ser, hablando en sentido figurado, una representación más del amplio espectro del teatro purépecha: una figurada contienda guerrera cuyo desenlace se dirimía en la lucha con la pelota. De manera que sus características y la cultura e implicaciones sociopolíticas y religiosas de ésta, hacen poco probable que la superviviente en los siglos xix a xxi haya sido sólo de origen español.

Es cierto que la afición vasca a la pelota pudo estimular la purépecha. En el siglo xviii, al menos un vasco vivió en Charapan.[lxiv] La fecha es tardía, pero como se ignora cuándo terminó de tomar forma la pelota purépecha moderna, cabe la posibilidad de que esa influencia u otra hispana no la recibieran hasta bien entrado ese siglo. Esto dicho sin afirmar que haya sido de esa manera sino sólo que pudo haber sucedido. Sin embargo, ninguna evidencia permite saber si los colonos españoles jugaron chueca o algo similar en el Puréecherio.[lxv]

El caso es que la modalidad de enfrentarse a la pelota con palo golpeador quedó plasmada en la lengua purépecha al menos desde el siglo xvi, cuando se llamaba t(’)ar(h)ántukwa a la ‘pelota con que se juega’ o a la ‘pelota para jugar el batey’. Nombre que pudo derivar de la raíz tarhá- que parece indicar la acción de brincar, o de la raíces t’ará- o t’araji- (‘espetar o meter cosa larga’ o ‘meter algún palo o cosa’) pues se usaba un bastón atajador para tratar de atravesar con la pelota el espacio contrario.[lxvi]

En el purépecha charapanense del siglo xx hubo dos verbos con sus respectivas acepciones para llamar a la acción de batear: wárhitani y wárhukuni, y dos sustantivos para el palo o bastón con que se golpeaba en lucha con la pelota: wárhukuta(ra)kwa y akúrhutarakwa.[lxvii]

En fin que las evidencias lingüísticas de los siglos xvi y xx apenas dejan lugar a dudas acerca de la raigambre de la pelota y de sus variantes. Una muestra de algunos vocablos asociados de uno u otro siglo incluiría al menos éstos:

akúrhutarakwa. Palo para jugar a la pelota.[lxviii]

apantsekwa. Pelota cualquiera, pelota como quiera.[lxix]

apantseni. Jugar a la pelota (con la mano).[lxx]

apatsekwa chanakwa. Juego de pelota con la mano.[lxxi]

 chamájkarimayarani (de chamá-, ‘hacer ruido las armas o la pared o cosa semejante cuando se menean o caen;[lxxii] derrumbarse haciendo ruido lo que cae; derrumbar algo’). Bolear con la bola.

chanákwa. Juego, juguete, competencia.

chanáni. Jugar.

pasákhukuni. Golpear la pelota en el viento.[lxxiii]

pasárhutakwa. Pelota destinada a ser encendida.

pirini pirinajtsikwa, wanantsikwarekwa. Bolaya que andan los muchachos a la redonda [bolada, tiro que se hace con la bola].[lxxiv] || bolazo [el golpe que se da con la bola a una persona o cosa].

sapántukwa. Pelota de capullo de gusano.

tanksi tanksankaritani. Pelotear o jugar a los botes en la pared.

tarántukwa chanákwa. Juego de pelota con las nalgas.[lxxv]

tarántukwa jarinkxtakwa. Juego de pelota con la rodilla.[lxxvi]

tarántukwaro kwerejtaro. Batey, juego de pelota con las nalgas, bate de pelota con las nalgas.

tarántuni. Jugar a la pelota con las nalgas.[lxxvii]

tarántutarajpeni. Hacer jugar a la pelota.[lxxviii]

tarhúntukusi. Pelota.

t’arántukwa. Pelota para jugar al batéy; pelota con que juegan. || Pelota para jugar de bote.[lxxix]

t’arantuni. Jugar a la pelota.

wáripeni (de wá-, noción de golpear). Aporrear algo.

wárhukuni. Batear.

wárhukwa (de -, ‘mucho, muy’; –rhu-, ‘pene, objeto alargado’; ‑kwa, sufijo sustantivizador). Bastón para golpear a la pelota; encuentro durante el cual se usa.

wárhukuta(ra)kwa. Palo o bastón para golpear a la pelota.

wárhukwa chanákwa. Juego de los bastones. || Juego de pelota de trapo.

wiríjpakwa. Bola de madera.[lxxx]

xepántekwa (de xepá-, ‘arremeter, hacer rebotar’; –nte-, ‘en el patio’; y ‑kwa, sustantivizador). Pelota cualquiera.[lxxxi]

Hoy en día, los encuentros purépechas —ya muy transformados— se conocen con varios nombres, algunos pudieron corresponder a variantes o a prácticas diferentes: wárhukwa, papántu o akúkwa. Tiene al menos tres variantes de antigüedad desconocida:[lxxxii]

*      Con una pelota de trapo y bastones. Dos grupos de 5 jugadores o más intentan con sus bastones hacer llegar la pelota a la meta contraria, entretanto los adversarios tratan de evitarlo. Logran un tanto cada vez que logran hacer pasar la pelota por la meta. Dos capitanes dirigen y controlan el encuentro. Un juez vigila todo. La duración del juego la acuerdan los capitanes a tantos o por un tiempo determinado.

*      Con una pelota encendida (pasárhutakwa) y bastones. Igual que la anterior modalidad pero con la pelota prendida de manera que, al ser lanzada de un lado al otro, deje una estela de fuego que la asemeje a un cometa.Fig. 1 Tanto en el caso anterior como en éste, los jugadores evitan golpearse, hacerse caer uno a otro, levantar el bastón arriba de la cintura al golpear la pelota, tocarla con la mano o golpearla con los pies; en caso contrario se declara “bola muerta” y pasa al grupo contrincante. Los puntos obtenidos se acumulan. Por lo regular, los encuentros tienen lugar en las calles de los pueblos en espacios abiertos de 160 a 200 m de largo por 6 u 8 de ancho; o bien, circundan alguna o algunas manzanas dando vueltas en torno suyo. Por cierto, hoy en día en la Mixteca se juega una pelota “de lumbre” con apariencia similar a la purépecha.[lxxxiii]

*      Con pelota de piedra (pasárhukwa). Variedad que se conservaba en varios poblados pero en la actualidad sólo en Nurío. Dos equipos de 5 a 8 jugadores cada uno ocupan un espacio de 4 m de ancho y de 600 a 900 de largo, donde arremeten desde el centro hacía los extremos. Los participantes de uno de los grupos situados en fila uno tras otro separados entre sí unos 4 ó 5 m, esperan la pelota de piedra volcánica —de unos 8 cm— lanzada con la mano al ras de suelo por el primer integrante del equipo contrario, que está a unos a 10 m. La pelota es lanzada con toda la fuerza del encargado de hacerlo y quien sale a su encuentro lleva una pala de madera para rebotarla con igual o mayor fuerza; si no logra golpearla, lo hace el de atrás y así sucesivamente. Cuando por fin alguien lo consigue se permite que la pelota ruede hasta que quede inmóvil o salga fuera del campo donde tiene lugar la contienda. Entonces el grupo que la recibe se coloca donde quedó la pelota y ellos la lanzan en sentido contrario, de modo que se alternan una vez cada conjunto. La pelota debe ser lanzada siempre hacia adelante, nunca a los lados. Todo finaliza cuando por fin uno de los grupos logra hacerla llegar al extremo contrario al suyo.

El bastón en general, con un largo de 1.50 m, suele ser elaborado en la ciénaga de Zacápu con árbol de tejocote cortado en luna llena. La pelota, de 12 a 14 cm de diámetro y de 400 a 500 g, ya se hace con hule espuma envuelto con tiras de tela de algodón u otra fibra natural, ceñidas con cuerda o lazo de henequén a manera de red que cubre la pelota. La destinada a la versión encendida es de madera muy seca extraída del colorín, que con anterioridad se cubría con resina de pino para mantenerla encendida largo tiempo y en la actualidad se impregna de gasolina o gasóleo.[lxxxiv]

Cada conjunto impulsa la pelota en dirección contraria a la del contrincante. La distancia adonde debe llegar varía según las circunstancias; en algunos poblados se lleva a cabo alrededor de una manzana, de manera que triunfan quienes logran darle la vuelta completa. A veces, los propios chanáriecha (‘jugadores, juguetones’) o “chanaris” marcan entre ellos sus faltas, pero en algunos lugares hay jueces que lo hacen para evitar disputas.[lxxxv]

Hoy en día se práctica en Caltzontzin, Paracho, Nurío, Tiríndaro, Pátzcuaro, Morelia y Angahuan, entre otros sitios de Michoacán. Recientemente se ha difundido a Chihuahua, Hildalgo, Oaxaca, Querétaro, Quintana Roo, Veracruz y Distrito Federal.[lxxxvi] Sin embargo, en algunos lugares —como en Morelia— se ha convertido en un juego deportivo descontextualizado de su contexto rural y su liga religiosa original. Sin embargo, mantiene su validez como expresión cultural contemporánea que mantiene la identidad purépecha en particular y michoacana en general.


Pelota en Charapan


Durante el siglo xix y la primera mitad del xx en Charapan aún se practicaba el ewájperani (‘arrebatarse en juego unos con otros alguna cosa; llevar algo para un lado y para otro; disputarse algo’)[lxxxvii] o el wáperani (‘hacer sonar o golpear dos cosas’, en este caso los bastones) utilizando un bastón macizo y una pesada pelota que llamaban sapántukwa. Ésta se hacía con weénchi o sanánketa (‘telitas de bolsas o capullos de gusanos que se crían en los madroños’) de consistencia y resistencia semejante al cuero, apretando varias de ellas con vueltas de mecate.[lxxxviii] Sin embargo, esta manufactura dejó de hacerse pues en 1949 ya se había sustituido:

Se juega también una especie de golf que consiste en organizar bandos de número variado, los cuales armados de unos palos con la extremidad inferior curva, sirven para golpear una pelota de trapo o un olote con el objeto de violar la meta de los contrarios.[lxxxix]

En el propio Charapan se le denominaba akúrhukuri (‘rebajar algo’), pero tal vez haciendo referencia a una variante.[xc] Lo mismo puede decirse de los diversos nombres que podían o no indicar diferencias en los serranos Angahuan y Cherán donde se le denominaba atárhukuni (‘atajar, atorar’) y en Nurío wárhukwa.[xci]

Los hombres de Charapan decían “ir al [e]wájperani (‘chocar’)” o “ir a jugar a la guápera” cuando salían a practicarla en las calles del poblado.[xcii] La pelota la impulsaban, atajaban o golpeaban usando los bastones llamados akúrhutarakwiicha, que eran unos palos o bates impulsores y atajadores macizos, elaborados con ramas de tejocote o guayaba con la punta curvada formando un gancho o una “t” de cabeza, similares a los usados en otros poblados purépechas.Figs. 15-7 Con éstos, unos impulsaban la pelota al tiempo que los contrincantes la atajaban. Intervenían hombres en un número variable, ya fueran 2 o hasta 20 ó 30, siempre en número par integrando cuadrillas cuando eran muchos.[xciii] Éstas se paraban en dos filas: una para lanzar la pelota con los bastones hacia un lejano punto fijo (como el final de la calle) y la otra hacia otro punto contrario con igual lejanía (como el otro extremo de la calle). Empezaban en cualquier sitio a la mitad del terreno o de la calle donde se acomodaban las filas, entre los dos límites mencionados. La norma disponía que sólo podía hacerse avanzar o parar la pelota usando los bastones, con los cuales se hacían todos los movimientos; nunca con las manos, los pies o el cuerpo pues de lo contrario se volvía al punto inicial teniendo los infractores que otorgar la delantera a los contrarios. Sin embargo, hubo otro tipo de encuentro en el que sí podía meterse tanto el bastón como el cuerpo para salir al encuentro de la pelota.[xciv]

Fig. 15. Tipos de wárhukutakwa o bastón atajador usado en
el combate purépecha con la pelota en Charapan durante
la primera mitad del siglo 
xx
(
entrev. a Lorenzo Murguía (en acrl-cgm, 1973-4, lbta. 4:: f. 40 v.).

Por cierto, no estaría de más averiguar sobre una posible relación o asociación ideológica del bastón para atajar la pelota con el bastón o bordón de los viejos en su danza y con las varas de mando. La etimología de la palabra wárhukwa, citada arriba, es una de las pistas que están por seguir. Los bastones de viejos son objetos de forma y funciones diferentes pero podría encontrarse cierto valor común como el de la autoridad o la ascendencia; establecerlo requiere de una averiguación particular, de modo que, por lo pronto, sólo puede enunciarse de modo hipotético.


Fig. 16. Atajadores de madera ( akúrhutarakwiicha wárhu[ku]tarakwiicha) para el juego purépecha de pelota usado durante el siglo xx en Aranza, poblado serrano de Michoacán. El de arriba, de madera de madroño (1.04 m de largo x 6 cm de diámetro), trae amarrada una etiqueta con un número de catálogo, pero durante el encuentro con la pelota puede o no usarse algún ornamento. El de abajo es de encino (1.02 m x 4.50 cm). Ambos le fueron comprados a Hipólito Gutiérrez por Dora Carrillo Sierra en marzo de 1986 (Catalina Rodríguez Lazcano 2008 (piezas del acervo etnográfico del mna, núms. de inv. 225550 y 225549 y de cat. [86] 20.29-3234 y [86] 20.29-3233).


Fig. 17. Bastón de lujo elaborado por el maestro maqueador Mario Agustín Gaspar Rodríguez de Pátzcuaro (cgm 2010).


Otro tipo de encuentro se acostumbraba emprender en las cuatro calles alrededor de una cuadra dentro del poblado, de manera que para invadir el campo de los contrincantes, la cuadrilla de peloteros debía darle la vuelta completa. Este modo de hacerlo pudo tener mayor antigüedad pues las manzanas fueron las unidades urbanas básicas para el asentamiento humano de una república purépecha, divididas en cuatro predios con un grupo doméstico cada uno. Esta modalidad todavía estaba viva al finalizar el siglo xx en Nurío, pero allí los dos equipos de jugadores daban la vuelta alrededor de todo el poblado, cada uno llevando la pelota en dirección contraria, de manera que resultaba victorioso aquel que lograba completarla.[xcv]

Esto pudo hacerse desde su origen por lo cual es probable que le dieran algún simbolismo remoto, luego desaparecido, implícito en el rodeo en un sentido y otro donde estaban establecidas las familias, envueltas en el ir y el venir de los jugadores que luchaban con la pelota.[xcvi] Como es el caso, entre los huicholes y los coras durante la semana santa, quienes circundan un sitio ritual en uno y otro sentido conformándolo como una especie de vértice del universo.[xcvii] Como resultado, el ir unos de un lado alrededor del poblado, y otros al otro, pudo ser una manera simbólica de traer el mundo al pueblo marcándole su oriente y su poniente. Es decir, convertir el asentamiento en una réplica del mundo de modo figurado. Tras una rotación, si ocurría de manera similar como entre los coras, pudo hacerse a la inversa para desandar lo circundado encerrando todo en un espacio donde, mientras duraba el combate, nadie podía salir ni entrar.

El hecho de realizarse en las calles, en vez de usar campo abierto, involucraba a los habitantes dentro de su poblado, lo cual ocurrió con los vecinos en cuyas cuadras se organizaba. Si se llevaba a cabo alrededor de una manzana, los habitantes de ésta quedaban en el centro mismo del encuentro. Como las calles donde se jugaba estaban en algún barrio determinado, en los límites entre dos o abarcando una parte de uno y otra del otro, el campo pudo ser en terreno propio o compartido por ambos. Lo primero sería más marcado si se competía en un barrio sólo con sus propios jugadores. Pero si participaban grupos de barrios diferentes en terreno de uno de ellos, implicaba un arreglo social previo.

Las variantes de la pelota purépecha pueden deberse a evoluciones independientes a partir de cierto periodo histórico, lo cual pudo ocurrir al disolverse las repúblicas purépechas. No obstante, debe considerarse que desde un principio pudieron existir varias formas de practicarse entre los diversos sectores sociales o en diferentes momentos del ciclo anual.

Puede pensarse que el encuentro en las calles no fue la manera original de efectuarlo pues en la antigüedad más bien pudieron existir canchas especiales. Sin embargo, pudo ser que siempre tuvo lugar al menos una variante que rodeaba un templo, un caserío o alguna otra unidad religiosa, social o urbana. Como fuera, los pobladores serranos tuvieron varios modos de encontrarse con la pelota pero con apariencia similar. A principios de los años cuarenta del siglo xx, uno u otro aún se practicaba en Charapan, Angahuan, Cherán y otros poblados.[xcviii]


Significado histórico


Hacia la segunda mitad del siglo pasado, el adiestramiento con la pelota fue mermando en el país purépecha, entre otras causas debido a la oposición de algunas autoridades civiles que lo consideraban rudo, ya que en ocasiones resultaba herido algún jugador por falta de tino. “O también los que eran perdedores cobraban su revancha a bastonazos contra los contrarios.”[xcix] Lo cual era una inconsciente forma de recuperar el carácter guerrero de los encuentros, si bien en lo personal algunos contrincantes sí pudieron tenerlo presente. Es cierto que no eran actos de guerra real, pero sí lo eran en sentido simbólico y como entrenamiento físico de los hombres. Tanto pudo ser así, que la lucha con la pelota podía expresar conflictos sociales internos. No obstante, como el espíritu que debía prevalecer era la cordialidad entre los participantes y el cuidado para evitar daños físicos, si estas últimas actitudes predominaban podía fortalecer lazos sociales.[c]

Para esclarecer su naturaleza y las funciones que desempeñaba habría que saber, entre otros asuntos, si en su origen se llevaba a cabo siempre alrededor del poblado y si para ello se tenía un aplanado periférico; si luego se limitó a una sola manzana o a calles específicas o se elegía un lugar de modo circunstancial. Asimismo conocer la identidad de quiénes lo organizaban y de quiénes lo jugaban, las fechas en que se practicaba y las implicaciones agrícolas, sociales y religiosas que pudo tener. A falta de datos charapanenses al respecto, debido a la pérdida sustancial de su organización y de sus normas y a su simplificación, las pistas históricas sobre éste se pueden encontrar en otros poblados de la sierra.

Al iniciarse los años cuarenta del siglo xx, en Angahuan los encuentros con la pelota se mantenían más enteros. Uno se llevaba a cabo siempre alrededor de una cuadra, y algunas veces cada grupo de jugadores representaba una diferente, lo que era tanto como decir las familias que allí vivían. Cada jefe de manzana, designado cada año por el alcalde tradicional, nombraba al hombre que debía jugar sin que éste pudiera rehusarse. El encuentro más importante ocurría después de la sïránkwa[ci] o ‘día siguiente’ al de la fiesta de la virgen de la Concepción cada 8 de diciembre; es decir, tras la cosecha del maíz cerca del solsticio de invierno.

A primera vista pareciera que, pese al carácter masculino de los combates con la pelota, ésta daba la idea de estar ligada a las fiestas marianas y a la cofradía otrora encargada del hospital de los naturales. Sin embargo, cabe pensar que la relación de este solsticio más bien tenía que ver con las festividades de la Navidad que corren desde el 8 de diciembre hasta el 2 de febrero. De manera que pudo ocurrir de manera semejante a los tarahumaras, quienes se engarzan con la pelota entre diciembre y enero. De ser así, había una relación con el nacimiento de Jesús, encarnación del Sol.

El caso es que en Angahuan el k’énhi, carguero que alguna vez fue el responsable de la importante institución comunitaria del hospital de los naturales, elaboraba una pelota grande de trapos.[cii] Esto fortalece la idea de que los participantes representaban la otrora cofradía de dicha virgen que estuvo a cargo de dicho hospital. Como en la antigüedad, pudieron evocar a la Luna transfigurada en María a cuyo culto estaban encomendados los cofrades. Si tal fue el caso, pudieron ser la contraparte de las fiestas de Jesús (el Sol), las cuales se sucedían una vez terminadas las de Navidad y las marianas.

Como en otros poblados, dos grupos muy grandes de competidores participaban de un modo sucesivo alrededor de cada manzana. En otro tiempo cabe la posibilidad de que se jugara desde dicha sïránkwa hasta el Carnaval enfrentándose cada manzana y cada hombre durante dicho periodo.[ciii]

Quedan enumeradas varias pistas que han quedado como hilos sueltos. Por lo tanto dejan preguntas sin responder, como pudieran ser las siguientes: ¿Hubo tabúes o prescripciones para cortar la madera del bastón?, ¿los había para los jugadores?, ¿las pelotas las hacían los hombres? Esto último importa pues si la pelota representa al Sol es interesante saber que eran ellos los encargados, como al parecer fue. Lo cual plantearía la duda, en caso de alguna relación mariana, respecto del papel de la Luna en un combate donde el Sol es un protagonista simbólico principal. Alguna otra cuestión colateral puede ser el uso que pudo o no hacerse de la hechicería para ganar. En fin, queda todo dicho de este modo porque lo que aquí importa es que el combate con la pelota devela la antigüedad antecedente del pueblo purépecha y su ascendencia guerrera.[civ]

Todo lo descrito antes es muy sugestivo pues implicó una relación evidente de la pelota, tanto con el ciclo anual del maíz y de las fiestas marianas o de la Navidad, como con “los cabildos” del otrora gobierno purépecha. Lo primero da pie a la hipótesis, una vez desechado el origen hispano único, de que al igual que el “palín” sudamericano, la pelota purépecha sea una versión cristianizada, por decirlo de alguna manera, de una antigua práctica tarasca. Ello es plausible pues suponer una supervivencia antigua incólume es algo aventurado, ya que el Puréecherio vivió incorporado como parte indisoluble a sus grandes entornos geográficos, demográficos, étnicos, culturales e históricos, que incluyó constantes influencias y supuso reformas y revoluciones estructurales.

Como quiera que haya sido, la pelota siguió siendo una práctica simbólica que involucraba a los hombres del poblado en el mantenimiento y la renovación del orden social establecido, mediante una temporada de competencias que en algo sugerían una serie de combates. Es cierto que en el pensamiento comunitario alguna vez pudo tenerse la idea que esas contiendas escenificaban una guerra que expresaba una lucha cósmica, pero al mismo tiempo debe tenerse a la vista su específico carácter guerrero.


La organización, la creencia y la guerra


En resumen, a a lo largo del continente americano, existió una gama diversificada de encuentros con pelotas en la antigüedad. Una variedad fue el conjunto en que se usaban bastones o bates. Dentro de ésta, estuvo el tipo que usó bastones golpeando la pelota para rodarla al ras del suelo. A reserva de comparar encuentros con la pelota más que por su apariencia, por su funcionamiento, para conocer si hubo alguna liga o sucesión, al menos se constata su práctica en América y da bases a la hipotética derivación de la pelota purépecha de una antigua que derivó del complejo de pelotas con bates o palos de Norteamérica. Una hipótesis alternativa es que procedió de una variante sudaméricana.

En el Puréecherio la lucha con una pelota figuraba un combate entre cuadras, barrios, poblados o sectores sociales o étnicos; de manera similar a lo que ocurre con los llamados “sones de guerra” de las competencias musicales, que dirimen rivalidades en los poblados durante sus fiestas religiosas.[cv] En ese sentido debe entenderse como parte de las representaciones anuales (teatrales, coreográficas, rituales, musicales) que en el escenario del casco urbano, relataban capítulos de una “historia” cíclica renovando viejas enseñanzas y cumpliendo funciones diversas. Entre ellas, el mantenimiento del equilibrio natural y social.

En tanto escaramuza al aire libre usando como escenario el casco urbano, el combate con la pelota fue como una representación más del teatro purépecha, uno que funcionaba como un rito en la medida en que formaba parte del ciclo anual. Una de sus expresiones más importantes se llevaba a cabo luego de la cosecha maicera, dando paso a las festividades religiosas con las que se confirmaba cada etapa del ciclo agrícola. Como la reunión de los contendientes formaba parte del sistema corporativo del poblado, a la vez marcaba algún momento importante del funcionamiento de la organización comunitaria. Esto es, requería el consentimiento comunitario para que la pelota renovara parte de la armonía social, creara nuevas relaciones sociales y restableciera límites y fronteras simbólicas para ordenar parte de la experiencia.[cvi]

Dadas esas circunstancias, tras el choque simbólico entre los asentamientos familiares y entre las fuerzas de la naturaleza, se iniciaba la temporada de secas durante la cual la sociedad comunitaria se recomponía y se preparaba para las siembras. Durante los encuentros los peloteros no pretendían destruir a sus rivales sino sólo empujarlos al extremo contrario. Esa era la manera en que renovaban o restablecían el orden asociando a los hombres y a los grupos domésticos en la temporada de secas, para ponerlos luego en movimiento coordinado para la espera e invocación de las lluvias y la fertilidad y para la preparación agrícola.

De todo lo aquí dicho se desprende la tríada básica involucrada en el combate con la pelota: la organización sociopolítica, el culto y las creencias, y la guerra. En consecuencia, el trasiego con la pelota fue una más de las alegorías militares de la organización purépecha, presentes también en la danza y en la música. Cada vez que se escenificó, revivió cierta liga del pueblo con el mundo antiguo, en particular con uno de los componentes humanos y culturales que fue la esencia de la antigua confederación de la cual es heredero: el de los guerreros tarascos.

Capítulo del libro El baluarte purépecha (México, en proceso de edición)
© Derechos reservados por el autor


[i] Cf. Corona Núñez 1942: pássim.

[ii] Ma. Teresa Uriarte 1992: “El juego de pelota en los murales de Tepantitla, en Teotihuacán” (en Varios 1992: 113-41 con fts. Y dbs.).

[iii] Varios (1968, 1: 711, 2ª col.) y Varios (1988 a, 7: 2111, 2ª col.). Véase n. 4.

[iv] Datos tomados de Winick (1969: 369: 1ª col) y de los portales electrónicos en la Internet: Peripecias de Chuiquirritipis, recordando historietas y narraciones (http://chiquirritipis.blogspot.com/2010/02/los-pieles-rojas-en-historieta-4.html) y Lecturas: ef y deportes, revista digital (http://wwwdeportes.com) .

[v] David R. Wilcox 1992: “La expresión más septentrional del juego de pelota Hohokam y la prehistoria del Nuevo Mundo” (en Varios 1992: 265-303).

[vi] Véase descripción de Lumholtz (1904).

[vii] Schalkwijk, González y Burguess (1985) en Varios (1992).

[viii] Según Bartolomé de Las Casas en el siglo xvi (Apologética, iii, cciv, p. 350); véanse Oliveros (1972: 463-9), Becerra (1985: 52) y Morínigo (1985: 90). Véase Anónimo s. f.: “Origen histórico del Batey”.

[ix] Barrera Vázquez (1980: 40) y Oliveros (1972: 467, n. 1).

[x] Véase Anónimo s. f.: “Deportes”. Red de centros educativos, Sección Ecuador, portal electrónico de la Internet (http://redced-ec.relpe.org/node/146).

[xi] Ovalle 1646, pl. 93 (cit. en rae 1984, 1, t. 2: 337, 2ª col.). Consúltese López von Vriessen (1990) y el portal electrónico Deportes mapuche de Carlos López von Vriessen en la Internet (http://www.deportesmapuches.cl/).

[xii] Acerca del palín véase la Internet (http://www.atinachile.cl/content/view/2312/La-Chueca-o-Pal-n.html), Maure (s. f.) y Rosales (1877-8).

[xiii] Véase la Wikipedia en la Internet (http://es.wikipedia.org/wiki/Chueca_(juego)).

[xiv] Según una representación anónima de un encuentro con palos y pelota en el antiguo Egipto representado en la tumba de Khety en Beni Hasan (véase en http://ekejeiria.blogspot.com/).

[xv] Según bajorrelieve hallado en un templo construido por Temístocles que data del año 530-510 a. de C. donde se aprecia la imagen de seis jugadores en el momento de realizar un “bully” (jugada típica de jóquey). (Carmen Gamez Arroyo 2006: “Historia del tenis”, Granada , Universidad de Granada, Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, tomado del portal electrónico I España actualidad en la Internet [http://historiatenis.iespana.es/inicio.htm]).

[xvi] Tal como se observa en un bajorrelieve de un templo construido por Temístocles entre 530 y 510 a. de C., en donde se plasmó la imagen de seis jugadores en el momento de iniciar su contienda. Véase fotografía en el portal electrónico Jóquey pozuelo, Club Jóquey Pozuelo en la Internet (http://www.jóqueypozuelo.com/webPozuelov1/club.html).

[xvii] Véase en la Internet: “soule”. Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Soule).

[xviii] Rodrigo Estevan 2007: 57-9.

[xix] rae (1984, 3, t. 5: 82, 2ª col. y 198, 1ª col.). La pintura se conserva en el Museo del Prado en Madrid (véase la siguiente página del portal electrónico del Museo del Prado en la Internet: http://www.museodelprado.es/es/pagina-principal/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/zoom/2/obra/el-juego-de-la-pelota-a-pala/oimg/0/). Véase también “Pelota vasca”. Wikipedia, la enciclopedia libre, Internet (http://es.wikipedia.org/wiki/Pelota_vasca).

[xx] Quesada 2004: 147, 149-50, 167-8 y 172.

[xxi] rae (1984, 1, t. 2: 337, 2ª col.) y Corominas (1983: 198, 2ª col.).

[xxii] Cf. Correas (1924: 67), cit. en Rodríguez Rodríguez (2003: 203).

[xxiii] Véase Anónimo: “Juego de la chueca”, en el portal El Pozuelo (Cuenca) en la Internet (http://elpozuelocuenca.blogspot.com/2007/10/juego-de-la-chueca.html).

[xxiv] Lozano Armendares s. f.: 162.

[xxv] Jesús Jáuregui 2010: com. oral, México.

[xxvi] Merle Green Robertson: “El juego de pelota yucateco. Evidencias recientes sobre el juego”, en Varios (1992).

[xxvii] Véase Garza e Izquierdo (en Varios 1992: pp. 335-53).

[xxviii] Oliveros 2004 (en Varios 1992) y Alfredo López Austin 1992: “Reflexiones finles…” (en Varios 1992: 407-13 con ils.

[xxix] Oliveros y Scheffler 2004: 271, n. 11.

[xxx] Oliveros y Scheffler 2004: 266-7.

[xxxi] Coe, Diehl y Stuiver 1967: 523.

[xxxii] Véase Jürgen K. Brüggemann: “Los juegos de pelota de El Tajín” (en Varios 1992: 91-5 con fts.).

[xxxiii] Fco. Beristáin Bravo 1992: “El juego de pelota en el área central de México: origen y desarrollo” (en Varios 1992: 97-111 con ils.).

[xxxiv] Phil C. Weigand: “El juego de pelota prehispánico y las canchas de pelota de Jalisco y Nayarit: la tradición de Teuchitlán” (en Varios 1992: 237-63 con ils.).

[xxxv] Véase Ma. Teresa Uriarte (1992).

[xxxvi] Véase n. 26.

[xxxvii] Jeff Karl Kowalski 1992: “Las deidades ancestrales…” en Varios 1992.

[xxxviii] Chinchilla Mazariegos 1992.

[xxxix] Gutiérrez y otros s. f. (consultado en la Internet). (“Juegos y deportes indígenas”, Recopilación de trabajos de cátedra realizada por: Gutiérrez, Belén, López Daniela, Monrroy Valeria y Magnazo Federico.

[xl] Teresa Federico Arreola 1992 (en Varios 1992).

[xli] Felipe Solís Olguín: “Evidencias arqueológicas en la práctica del juego de pelota en la antigua Mexico-Tenochtitlan” (en Varios 1992: 143-55).

[xlii] Ponciano Ortiz, Ma. del Carmen Rodríguez y Alfredo Delgado: “Las ofrendas de El Manatí y su posible asociación con el juego de pelota: un yugo a destiempo” (en Varios 1992: 55-67 ils.).

[xliii] Véanse figurillas de barro representando jugadores de pelota con dicho bate, en Gendrop (1970: 20, fig. 28 b e Ibíd.: 23, fig. 31 a); y a Oliveros y Scheffler 2004: 268.

[xliv] Véase n. 26.

[xlv] Cf. Baudez 2007: passim. Obsérvese El Tlalocan, fresco de Tepantitla en Teotihuacan (Gendrop 1970: 63, fig. 74).

[xlvi] Leyenaar 1992 y López Austin 1992.

[xlvii] Según Ralph Beals, cit. en Anónimo s. f., “Origen histórico del Batey”.

[xlviii] P. Gumilla: El Orinoco Ilustrado.

[xlix] Véase Leyenaar (2005): Ulama.

[l] Oliveros (2004: 55-61) y Oliveros y Scheffler (2004: 267).

[li] Cf. Oliveros 2004 (en Varios 1992: 39-51).

[lii] Caicedo Trevilla y Barrientos Ortiz 2010: 19, 1ª col.

[liii] Según pintura rupestre (Corona Númez 1942: 6, 1ª col.).

[liv] Alcalá 1541 y 2001: f. 41 r.

[lv] Cf. Roskamp 1994: 165.

[lvi] Cf. Varios (1986 a: 14, 22-5 y passim) y Corona Núñez (1942: 6).

[lvii] Varios 1986 a: 42.

[lviii] Alcalá 1541: ff. 68 v. y 123 v.

[lix] Alcalá 2001: 378 y 483-4.

[lx] Roskamp 1974: 167. Véase ejemplares de palas y pelotas de piedra tallada de Nurío en la colección etnográfica del mna (palas con núms. de cat. (86)20.29-3271 a 3274 y pelotas de piedra con los núms. (86)20.29-4341 y (86)20.29-3261). Véase ft. de pala en Varios 1986 a: 97, ft. 20.

[lxi] Rodrigo Estevan 2007: 43 y 48.

[lxii] Véase Oliveros 1992 (en Varios 1992: 39-51).

[lxiii] Caicedo Trevilla y Barrientos Ortiz 2010: 19, 1ª col.

[lxiv] ahmm 1797: f. 77.

[lxv] Beals y Carrasco 1944: 517.

[lxvi] Swadesh (1969: 129; cf. Medina Pérez y Alveano Hernández 2000: 74, 2ª col.); Anónimo (1991, ii: 554) y Gilberti (1975: 434). Sobre las raíces mencionadas véanse Anónimo (1991, ii: 554 y 552) y Gilberti (1975: 171) respectivamente.

[lxvii] Velásquez Gallardo 1978: 219, 2ª col.

[lxviii] Velásquez Gallardo 1978: 106, 1ª col.

[lxix] Anónimo 1991, i: 554.

[lxx] Anónimo 1991, i: 422 y ii: 40.

[lxxi] Anónimo 1991, i: 422.

[lxxii] Lagunas1890: 117.

[lxxiii] Velásquez Gallardo 1978: 173, 1ª col.

[lxxiv] Anónimo 1991, i: 112.

[lxxv] Anónimo 1991, i: 422.

[lxxvi] Anónimo 1991, i: 422.

[lxxvii] Anónimo 1991, i: 422.

[lxxviii] Anónimo 1991, ii: 554.

[lxxix] Gilberti 1559, fo. 137 r. en fács. de 1990: 137; Anónimo 1991, ii: 554 y i: 554..

[lxxx] Anónimo 1991, i: 112.

[lxxxi] Anónimo 1991, ii: 784.

[lxxxii] Lo que a continuación viene fue tomado de una recopilación de juegos y deportes autóctonos en el portal de la Federación Mexicana de Juegos y Deportes Autóctonos y Tradicionales de la Internet: http://www.codeme.org.mx/autoctonoytradicional/Textos.html

[lxxxiii] Oliveros (2004: 55-61) y Oliveros y Scheffler (2004: 267).

[lxxxiv] Caicedo Trevilla y Barrientos Ortiz 2010: 19, 3ª y 4ª cols.

[lxxxv] Caicedo Trevilla y Barrientos Ortiz 2010: 19, 4ª col.

[lxxxvi] Caicedo Trevilla y Barrientos Ortiz 2010: 19, 3ª col.

[lxxxvii] Murguía Ángeles 1969 f, 2ª col.

[lxxxviii] Murguía Ángeles 1969 f, 3ª col.; y Pedro Hernández, mensaje de correo electrónico, 27 de mayo de 2010.

[lxxxix] Palacios López 1950: 173-4.

[xc] Velásquez Gallardo 1978: 106, 1ª col.

[xci] Beals y Carrasco (1944: 516-7).Consúltese una descripción del juego a fines del siglo xx en Roskamp (1994).

[xcii] Murguía Ángeles (1969 f, 3ª col.) y Velásquez Gallardo (1978: 215, 2º col.).

[xciii] Cf. ejemplares de pelotas y bastones de Arantza, Nurío y otros sitios adquiridos en 1986 para integrarlos en la colección etnográfica del mna (núms. iniciales de cat. (86)20.29-3230 a 3242, (86)20.29-3261 a 3267, (86)20.29-3270 a 3292).

[xciv] Murguía Ángeles (1969 f, 3ª y 4ª cols.), Castillo Janacua (1988: 36-8), Velásquez Gallardo (1978: passim) y Eliseo Martínez Rosas (1992, com. oral, México). Descripciones ilustradas del juego como se jugaba en la sierra, pueden consultarse en Beals y Carrasco (1944) y en Valencia Oseguera (1985).

[xcv] Roskamp 1994: 158.

[xcvi] Beals y Carrasco 1944: 516-7.

[xcvii] Jesús Jáuregui 2008: com. oral.

[xcviii] Beals y Carrasco (1944: 519), quienes también describen el juego wárhukuni en Angahuan como se practicaba entre 1940 y 1941.

[xcix] Murguía Ángeles 1969 f, 4ª col.

[c] Consúltese Valencia Oceguera 1985: 13.

[ci] Véase sïránkwa en el glosario.

[cii] Beals y Carrasco 1944: 517.

[ciii] Beals y Carrasco 1944: 517 y n. 7.

[civ] Algunas de las preguntas enunciadas fueron hechas por el etnólogo Jesús Jáuregui (2010, com. oral, México).

[cv] Chamorro 1994.

[cvi] Cf. a Claude Levi-Strauss, cit. en Jáuregui (2002).